HUERTO EN QUE GERMINAN LOS CAPULLOS

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Las secretas condiciones para que germinen los amores son misterios tan sublimes, que solamente las deidades pueden conocer  todas las esencias que se fusionan para llegar condimentarse ese fruto tan exquisito que logra que la vida de los seres se trasforme en un maravilloso jardín de jazmines en el que no hay cabida para terceras personas por que solamente todos nuestros sentidos, están prestos para halagar a al ser amado; puesto que pareciera que nos hemos transportado a un mundo donde no caben las cosas baladíes de la fútil existencia, es que el mundo perfecto donde los enamorados se refugian tiene como estricta regla hacer a un lado las cosas ordinarias de la rutinaria vida, ese espacio de quienes se aman es una privada burbuja en la cual hasta las respiraciones de los amantes se amalgaman de tal forma que las expiraciones se tornan un delicioso sopor para las parejas que llegan hasta las profundidades de las entrañas, inundando todos los rincones para establecer un dominio absoluto en los organismos, que ya con esa invasión de aromas las personas se entregan sin reservas en sus sentimientos y emociones embonando en sueños, quimeras y anhelos de tal suerte que caminan con una coincidencia en todas sus aspiraciones que ya no recuerdan cosas de su vida pasada porque el cerebro también ha creado ciertas sustancias que tienen como fin primordial generar ese estado catatónico que viene como resultado de una fusión perfecta; sin embargo en lo más recóndito del corazón y las entrañas se guarda un pequeño temorcillo que alimentan desde las profundidades dañinos celos, porque la relación amorosa es así de absorbente, no acepta que ningún pequeño celaje pueda obscurecer la grandiosa dicha que se está disfrutando ni que tampoco nada pueda enturbiar ese río de aguas mansas en las que plácidamente se va bogando, cualquier jirón de negra nube pueda romper el dichoso encanto de los enamorados será fracaso de esa grandiosa relación que con todos sus arreboles fue germinando hasta convertirse en el motor de aquellas vidas y que será la barca que los lleve por el feliz derrotero de incomparable vida; solamente la bruma de los celos es el único fantasma que los puede acechar. Continuamos con el contenido de “Tierra Zacatecana”, libro publicado 1999 dentro de la colección Escritores Jerezanos. Disfruten este bello poema y compártanlo. Feliz año para todos los lectores y que se hagan realidad todos sus sueños.

         C  E  L  O  S

Benditos amores que florecen
a la sombra de bellas ilusiones,
regados con promesas de dos seres
que entregan sin malicia sus candores,
amarse tan sólo ellos prefieren
por ser la riqueza de los pobres,
suplicando al justo de los cielos,
jamás bella unión… rompan los celos.

Romances que perfuman cual jardines,
envueltos en aroma de azucenas,
al amparo de noche… besos miles,
aderezados por caricias tiernas,
y la unción de las almas ya motiven
para que bellos sueños entretejan,
orando con fervor por sus anhelos…
que nunca sean truncados por los celos.

Secretos que guárdense sin llaves
en arcas de estrellas y luceros,
que sólo conocen los amantes,
porque ni en final hora de enfermos
demuestran languidez de cobardes
develando sagrados misterios,
ruegan no los cubran esos velos
con el negro augurio de los celos.

Solar regado con franco amor
benigno es para abundantes frutos,
afecto de vehemente ilusión,
huerto en que germinan los capullos
guardados por designio de Dios,
secreto donde se pierden mundos
porque estarán libres de recelos,
lejos de traición… también de celos.

Grandiosa dicha si hay comprensión
y la senda se ve en lontananza,
llega del día el último estertor,
es que gorjeo de aves calla,
igual muere lentamente el sol,
porque besos ya tiniebla ampara
que propicia de pasión desvelos,
con lacerante llaga de celos.

Unir cuerpo y alma: arcano secreto
jamás divulgado es a los hombres,
sólo dioses pueden retenerlo,
al humano de ello le dan goces
pero los malgasta en vanos sueños,
que engendran asechanza y traiciones
además terribles desconsuelos,
resultado de enfermizos celos.

                             Jaime García García.