PROFESORES ANTE LA INTEGRACIÓN

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María Elena Alonso Márquez.
La toma de decisiones acerca de qué prestación educativa se requiere, no debe de ser la simple denominación de alguna deficiencia sino una descripción detallada de la necesidad especial en cuestión. Se recomienda la abolición de la clasificación legal de los alumnos deficientes.
Se precisan tres niveles de integración: colocación física, integración social,  y la funcional, las cuales serán desarrolladas a continuación:
El primer nivel de integración, llamado de colocación física, se da donde unidades ordinarias y especiales comparten el mismo edificio o donde escuelas ordinarias poseen una clase de educación especial. La segunda es la integración social que se refiere al hecho de que el niño sea integrado en el juego, el comedor, actividades extraescolares, etc., la última es la integración funcional en la cual se realiza donde los niños con necesidades especiales y sus compañeros asisten a las mismas aulas, participan en los mismos programas educativos y contribuyen conjuntamente a la actividad de la escuela.
No solamente hay integración cuando un alumno con discapacidad comparte el aula y el programa con compañeros de régimen ordinario, sino que cuando sigue los mismos horarios, es decir hay que buscar su normalización dentro de él.
Los desajustes entre la organización escolar, el currículo, los recursos metodológicos y de orientación, las actitudes de los padres, la extensión de las funciones del profesor, sus competencias y formación, etc. Hay muchos problemas dignos de ser abordados, pero hay uno nuclear y previo a toda acción educativa, que es: la actitud de los profesores ante el niño discapacitado y su integración a la escuela ordinaria.
Las actitudes de los profesores para el éxito de las prácticas de integración, ¿Por qué se han encontrado muchos profesores que tienen actitudes desfavorables hacia la integración?, los niveles de aceptación de niños con discapacidad es un tanto descorazonado, los profesores son reacios a admitir alumnos que puedan alterar sus hábitos básicos de enseñanza.
Uno de los factores mejor identificados como prerrequisito para una integración eficiente es la actitud positiva de los profesores tanto hacia la propia integración como hacia los niños con discapacidad, debido a la incidencia de tales conductas en el rendimiento de los estudiantes.  El cambio es difícil, resistirse es natural, porque el cambio requiere: nuevas vías de pensamiento y acción que son difíciles de dominar, producen sentimientos de incomodidad, exigen demasiado esfuerzo y autoanálisis, el cambio no ofrece expectativas de posibles beneficios, requieren de una preparación de la cual se carece, se exige más apoyo del disponible, se cree incompatible con las necesidades de otros estudiantes, excesivo consumo de tiempo, incapacidad para producir resultados inmediatos, comprensión parcial del problema e incomprensión del profesorado sin su consentimiento.  Esperar una modificación generalizada de actitudes y metodología es poco realista.
Es conveniente interpretar la resistencia como una preocupación, es una reacción inteligente a los cambios propuestos. Los profesores que se resisten a la integración son aquellos que tienen en sus aulas niños con minusvalía, a los que dedican una efectiva atención y son capaces de dar solución imaginativa a sus necesidades educativas especiales. Lo que ocurre es que su reacción es demasiado crítica y exigente en relación con su propio esfuerzo y el resultado obtenido por tales alumnos. La inadecuación entre el esfuerzo y el resultado suele juzgarse como una falta de preparación, lo que revela un gran sentido profesional más que un rechazo a la integración.
Los profesores con mayores posibilidades de integración con niños discapacitados valoran su trabajo más críticamente que los que no tienen tales oportunidades. La actitud manifestada prematuramente sobre la integración no son un buen indicativo de las percepciones que se tiene de la misma después de su práctica.
Las deficiencias de salud y minusvalía física son consideradas más fáciles de orientar en el aula, alrededor de la mitad de los profesores piensan que los niños con dificultades de aprendizaje y alteraciones de lenguaje también pueden ser enseñados en aulas ordinarias, un tercio de profesores creen que niños con dificultades moderadas de aprendizaje o con problemas emocionales y de conducta severos, también pueden ser ayudados en clases normales, el porcentaje baja hasta la cuarta parte cuando son problemas sensoriales y solamente por debajo del 10% piensa que la escuela ordinaria puede hacer algo en los casos de minusvalías profundas o discapacidad múltiple. El factor más importante en la minusvalía física es la disponibilidad de servicios de apoyo a los profesores y su preparación específica.
El nivel de aceptación depende de la cantidad y calidad de ayuda institucional, tales como recursos y orientación, la confianza en la habilidad para la enseñanza de los niños con problemas, la experiencia, la formación específica y los cursos de perfeccionamiento, su personalidad, el grado en que se enseña, el dialogo entre profesores ordinarios y de educación especial y la participación en la toma de decisiones.
Algunas acciones que se pudieran implementar  para reducir la resistencia a la integración son:
1.    Crear un marco motivacional positivo: cuando los sujetos perciben ciertos fines como deseables, y asociados a una recompensa también deseable, dedican todo su esfuerzo a conseguirlos en proporción con sus percepciones sobre el valor del premio y la probabilidad de obtenerlo. Dado que la enseñanza proporciona pocas satisfacciones distintas a las que ofrece el progreso de los alumnos y el propio sentimiento de perfeccionamiento profesional, el reducir la resistencia del profesorado a la integración aumentaría en la medida en que fueran capaces de valorar positivamente el éxito individual de cada alumno, sentirse intrínsecamente recompensados cuando sus alumnos discapacitados tienen éxito, cuando tienen conciencia de que han adquirido o pueden hacerlo, conocimientos y competencia para ayudar a sus alumnos y cuando esperan que a cambio de un esfuerzo razonable puedan tener éxito. Cuando esto falta es necesario crear las condiciones para promoverlos.
2.    Incrementar la cantidad y la calidad de los equipos de apoyo. El consultor debería considerarse como alguien que viene a compartir problemas y soluciones, más que un experto que enseña al profesor qué es lo que debe hacerse en cada caso. Para ser aceptados, los miembros del equipo de apoyo deberán expresar sus juicios y orientaciones de forma sugerente y cooperativa en vez de crítica.
3.    Cooperación y comunicación con los compañeros. Los directores deben de ser los primeros comprometidos en la integración, sólo su receptividad a los cambios propuestos puede reforzar y dar seguridad a los nuevos métodos y contrarrestar la actitud negativa de algunos compañeros.
4.    Curso de perfeccionamiento, la formación permanente es la necesidad más sentida entre los profesores.
5.    Prevenir la resistencia. Mediante una formación académica adecuada en el que el conocimiento de la integración desde el punto de vista didáctico y organizativo sea, junto con el diagnóstico, una materia básica en la formación de cualquier profesor de cualquier nivel. Reforzar el trabajo bien hecho y dar el mérito al profesor capacitado, disponer de equipos de apoyo bien entrenados tanto en técnicas de trabajo en clase como en la toma de decisiones, así como la integración de los padres en el proceso. El primer paso para la integración de los hijos es la actitud de sus padres.
Las escuelas formadoras de docentes deben de hacer una actualización a sus planes y programas de estudio, de tal forma que los nuevos docentes tengan información acerca de los niños con necesidades especiales y su realidad y expectativas emocionales, sociales y laborales, que tengan una formación psicodidáctica básica para ayudar a cualquier niño discapacitado. Al estar todos los docentes preparados, todas las aulas se convierten en hecho potencial de integración. Hay mucho por hacer, pero uno puede ser la diferencia.