LAS JOYAS DEL SUBCONSCIENTE

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Podríamos comparar el título de este texto con la caja de Pandora, la que guardaba infinidad de sorpresas para la humanidad que pudo seguir manteniendo  todos esos secretos pero la curiosidad pudo más y se expandieron por la faz de la tierra, en este caso el poema se refiere a todas esa cosas que la persona va acumulando en su gigantesca memoria y que algunas jamás llegan a salir a la luz porque son joyas tan valiosas que por determinadas circunstancias no las puede o no las debe divulgar, en nuestra cabeza llevamos un valioso cofre que guarda infinidad de situaciones, vivencias, experiencias y hasta cosas que el decoro no permite dar a conocer, algunas de ellas tan especiales para el individuo que las guarda tan celosamente como si fueran diamantes que tienen un valor incalculable; sin embargo en algunas ocasiones llegan a transformarse en un pesado fardo que hace que hasta la espalda se encorve; ya que se convierten en una amenaza que le recrimina a nuestra conciencia con actitudes de reto y tanto se fortalecen que se vuelven indestructibles porque al llegar cosas nuevas se transforman en una muralla, semejan un turbulento río a quien nadie podrá dominar porque parecen malignos espíritus que con su dosis de veneno hieren nuestras entrañas y en los momentos de soledad nos atosigan como fiebre delirante, desde primicias amorosas o los instantes más románticos hasta los odios guardados en lo más profundo del alma y que en la cara se va figurando toda esa fiereza de los recuerdos como si fuera un histrión que representa un hermoso monólogo, que son tan sigilosos estos intrusos que en un momento de dicha puede aparecer como una negra sombra que llega, como un remolino a turbarnos hasta los más tranquilos sueños y que solamente con la alegría se van hacia las profundidades de la conciencia, pero que son la prueba de la unión del pasado y el presente, los cuales nos señalan nuestras buenas y malas acciones porque siempre que aparecen nos dan un vuelco en el ánimo y hacia la pendiente nos empujan. Continuamos disfrutando del contenido del libro “Tierra Zacatecana” publicado en 1999, en la colección de Escritores Jerezanos. Ya estamos preparando nueva edición titulada “Ecos de Vanidades” un trabajo referente a lo vano de la existencia humana y lo deleble de sus obras. Felices fiestas patrias para todos sin caer en los excesos. Que deleiten este bello poema sobre algo tan propio del humano como son los recuerdos. Nos leemos en la próxima.

LA DANZA DE LOS RECUERDOS

Cual sombras amenazantes
que se yerguen retadoras,
con sus risas hilarantes
de actitudes desafiantes,
son del alma transgresoras.

Espectros indestructibles
que anidan en la memoria,
porque ilusiones factibles
trajeron cosas plausibles,
con su fecha perentoria.

Como fuerte turbulencia
que todo arrastra y devora,
en que ni la gran sapiencia
guardada en nuestra conciencia,
podrá ser domeñadora.

Semejan macabra danza,
en que espíritus malignos
con voces de hiriente chanza,
que con su veneno alcanza
a nuestros mortales signos.

Cuántas cosas se repasan
en ese fugaz instante,
quizá pasiones que abrasan,
al tiempo también rebasan,
como fiebre delirante.

Desde pueriles caricias
hasta rencores y agravios,
también de amores primicias,
de placidez son delicias
que disimulan resabios.

Así en la faz las señales
raudas se van dibujando,
de las desdichas y males,
son expresivos canales
en que histrión va figurando.

Son semillas en latencia,
recuerdos adormilados,
en la mente su vigencia
para en la vida incongruencia,
continuarán arraigados.

Hasta los tranquilos sueños
nos turban esos intrusos,
ya que sus locos empeños,
son convertirse en los dueños
de esos lapsos tan difusos.

Su campo la soledad,
donde con vehemencia fluyen,
jamás la venalidad
ha roto la probidad,
con la alegría se diluyen.

Son joyas del subconsciente
guardadas en cofre de oro,
por ser la prueba fehaciente,
que une pasado y presente
como terrible desdoro.

Recuerdos malos y buenos,
como negras sombras danzan,
de zozobra siempre llenos,
llevan el ánimo a menos
y hacia el abismo… nos lanzan.

Jaime García García.