FULGOR QUE ALIENTA AL HUMANO

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marzo 29, 2015
ALGO MÁS QUE PALABRAS 22/03/2015
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Esta sacrosanta flama es la luz bienhechora que mueve las fibras más recónditas del ser humano para alcanzar sus sueños, es uno de los fuegos más sagrados que los dioses otorgaron al hombre para que con ese divino hálito se atreviera a lograr los desafíos más difíciles de alcanzar, porque los Arcanos deseaban crear una criatura que no se arredrara ante las empresas imposibles que tuviera que enfrentar; por ello le otorgaron esa luz que se enciende cuando ya estamos desfallecidos o que andamos a punto de ser presa del fracaso, entonces en nuestras más profundas fibras se enciende ese faro que nos alienta a seguir en la brega y que nos impulsa con esa fuerza interior a hacer un esfuerzo extra para lograr el cometido que nos hemos impuesto o también cuando luchamos por conseguir algo, también esa llama divina nos empuja a lograrlo porque ya sabemos que cuando lo alcanzamos, el premio es ese regocijo interior que recorre todo nuestro cuerpo, dándonos un baño de feliz realización en el que todo nuestro organismo siente ese hermoso placer de haber alcanzado un lejano sueño; pero en donde si gozamos de indescriptible felicidad, es cuando estamos en la ansiada búsqueda de una relación amorosa y la bendita esperanza, es la grandiosa linterna que nos  recubre con la hermosa cualidad de la paciencia para tener esa tranquilidad interior que nos hace la espera más llevadera, porque intuimos que el premio a esa zozobra que nos provoca por querer alcanzar el amor de esa persona amada, serán las dulces caricias y los besos sabor a miel; ya que nuestro ser llegará a comprender que ese resquicio por donde se filtra la esperanza, es la llamita que mantuvo la tenacidad para alcanzar la grandiosa dicha de disfrutar de la justa amorosa en la que se desgranan todas las cosas guardadas para ser entregadas a quien hemos estado cortejando y que esa fuerza maravillosa a la que se la da el nombre de esperanza, nos ha ayudado a conseguirlo. Espero que disfruten este hermoso poema que alude a esa llama sagrada regalo de los dioses al hombre para que siempre tuviera ese pequeño rayo de luz en su existencia. Seguimos con el contenido de “Tierra Zacatecana” publicado en 1999. Que la primavera auspicie nuevos sueños y se logren con la llama de la esperanza.

DIVINA ESPERANZA

Luz que iluminas al mundo,
gotas en tibia mañana,
rayo de abismo profundo,
fragancia de flor temprana.

Sentimiento que los dioses
en cofre de oro guardaban,
los hombres pedían a voces,
pero jamás se los daban.

Por eso el gran previsor
al hombre regala el fuego,
para una vida mejor
naciendo ese mundo nuevo.

Ni gran calor de una hoguera
en un riguroso invierno,
pudo trocar nueva era,
el hombre siguió en su infierno.

Infierno para cuerpo y alma
con vida sin esperanza,
de espíritu ya sin calma…
jamás por causa de holganza.

Se buscó así castigar
en Prometeo clara falta;
tratándosele de enviar
males y plagas en caja.

Pandora jamás llegó
a manos del semihumano,
porque otro la recibió,
siendo su propio hermano.

Sin saber que contenía
mostrando curiosidad;
con ansiedad la abriría
escapando la maldad.

Plagas con enfermedades
salieron de la cajita;
amén de muchas maldades
para la tierra bendita.

Sólo quedó en su interior
la luz llamada esperanza,
flama que nutre al amor,
fuerza con la que se avanza.

Por eso esa llama santa
nos hace calmar toda ansia,
a las penas las quebranta,
floreciendo la prestancia.

A la alborada del día
el hombre busca encontrar,
causa de nueva alegría
para la meta lograr.

Es del espíritu aliento,
es faro de cada instante,
es fulgor del pensamiento,
es brújula al caminante.

Un suspiro que lo alienta,
meta que siempre lo espera,
alivio del mal que sienta,
da compasión a su vera.

Gran faro de la constancia
iluminando el camino,
no acepta beligerancia,
del hombre marca el destino.

Un monumento al valor,
el conquistar una amada,
triunfo del que es perdedor,
una sonrisa lograda.

Siempre la llevamos dentro
llamándola a veces suerte,
de la vida será centro…
hasta llegada la muerte.

Es la divina esperanza
del alma nuestro alimento,
es la que nunca se cansa,
de dar al hombre sustento.

Luz que conquistas en halo
la cima de la conciencia,
campo donde nunca es malo,
dar marco a la preferencia.

Jaime García García.