“HERIDA DE AMOR”

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Las contusiones y heridas recibidas sobre nuestro cuerpo, cuando son severas; nos dejan una marca o sea una cicatriz permanente de por vida.

Personas que han sufrido accidentes, han estado en una guerra, o han sido víctimas de violencia física y maltrato, conservan en sus cuerpos, una marca que les recuerda un trágico momento de sus vidas.

Pero hay heridas que son invisibles a nuestros ojos físicos pues no se trata de heridas del cuerpo, sino del alma. De alguna forma u otra, la mayoría de nosotros cuenta con estas cicatrices del corazón.

Estas cicatrices pasan la mayoría de las veces en forma inadvertida a los demás. Sonreímos, saludamos, conversamos con los demás… en forma normal. Somos a veces a los ojos de los demás, personas, a las cuales la vida le sonríe.

Pero bien sabemos que al reflejarnos en el espejo de nuestros recuerdos, vemos allí, las heridas que nadie puede ver, sino solamente nosotros. No podemos borrarlas, ni ignorarlas, ni olvidarlas, solo están allí.

Surge entonces en nosotros un sentimiento de impotencia, que exclama en un suspiro silencioso: “Ah si alguien supiera… de mis heridas y tristezas…”

Muchas personas por impotencia frente a las heridas sufridas en el pasado, se rebelan y cierran la puerta de su corazón.
Es como quien se enoja con su médico, porque padece una dolencia.

Uno puede estar toda la vida preguntándose ¿Por qué me afectó esto a mí? A veces puede encontrar la respuesta y otras veces no. Pero lo cierto es que continuar en este estado, de autocompasión, sin entregar nuestra vida, antes que mejorar, nuestro estado empeorará.