CALAVERAS

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C  A  L  A   V   E   R   A  S   –   C   A  L  A  V  E  R  A  S   –  C  A  L  A  V  E  R  A  S

Por:  Jaime García García

Estos sencillos versos están dedicados con todo respeto para todos los que colaboramos en la edición del periódico “Testimonio 13”, espero que no  vayan a causar ningún estado de ánimo inconveniente, solamente son con la finalidad de seguir manteniendo nuestras hermosas tradiciones.

Los de testimonio trece
lloraban con gran clamor,
moqueando y a rece y rece
porque murió el director.

Nadie conocía el motivo
de esa muerte misteriosa,
pensaban que estaba vivo,
pero ya se fue a su fosa.

Unos burros en su panza
fueron causa de su muerte,
el buen hombre ya descansa,
se acabó su buena suerte.

La calaca le previno,
pero no quiso entender,
hoy se acaba tu destino,
avísale a tu mujer.

Ramón con su sonrisita
jamás la tomó en serio,
hoy ya recibe visita
por allá en el cementerio.

Martha Imelda sí, afligida
lloraba desconsolada,
es una triste partida
que Muerte tan desgraciada.

El periódico se viene
y como le voy a hacer,
el trabajo no se tiene,
ahora si voy a padecer.

Y la huesona tranquila
le dice con desparpajo,
fórmate ya en esta fila
de llevarte,  no me rajo.

Descansa en paz la gerente,
su novenario se reza,
y cuentan que mucha gente
no manifiesta tristeza.

En el pueblo hay aflicción,
su familia sin consuelo,
en la prepa de emoción
elevan su voz al cielo.

Un escritor conocido
que publicaba en el diario;
enojado se ha subido
a gritar al campanario.

Por qué te fuiste Ramón,
quiero seguir publicando,
pero ya desde el panteón
la muerte lo anda tanteando.

Jaime ya desesperado
quiso bajar muy de prisa,
y su fin ya se  ha encontrado,
queda el eco de su risa

Ya descansa el escritor
en los brazos de la muerte;
del pueblo ningún dolor
ni se comenta su suerte.

Luego  Omar Carlos Martínez
a la parca reclamaba,
te dejo sin calcetines,
anunciándolo gritaba.

Si a Ramón ya te llevaste,
conmigo sí  te echas  veinte,
también a Imelda mataste,
pero yo soy de otra gente

La muerte muy calladita
de sus temas se burlaba,
y dijo esta personita,
ni un segundo le duraba.

Ya descansa entre los muertos
psicólogo tan famoso,
y dando temas de expertos,
es pedagogo grandioso.

Jenny en su gran dolor
a la muerte increpaba,
que ella por su director
en la tumba se cambiaba.

Que ya no podría escribir
en el testimonio trece,
y no tenía caso vivir
cuando el amor ya no crece.

la parca luego pensó,
pronto serás calavera,
hasta el panteón la mando,
a seguir con su quimera.

Esta mujer ya descansa
porque tuvo triste fin,
para el quince no le alcanza,
ayer murió en el Capulín.

A Lupita correa Muro
la muerte la sorprendió,
dicen que lo más seguro
la noticia la mató.

Al saber de tanto muerto
del periódico afamado,
lo que cuentan es muy cierto,
que un soponcio le ha pegado.

Lo cierto es que ya descansa
con rumberos esqueletos,
y de escribir no se cansa
sin ocupar de amuletos.

La calaca encanijada
por  Huéjucar corre y corre,
de su nombre no sé nada
sólo Silva de la Torre

Nadie  daba  referencia
de ese nombre japonés,
se le agotó la paciencia
dijo:  muere por  estrés

dicen que sin queja alguna
Mitsunori se fue enfriando,
que al comerse una tuna,
lenta se le fue atorando.

Que allá entre las calaveras
llora a Bañuelos Graciano,
desde las horas primeras,
en un llanto soberano.

Parece seguimos de malas
con la calaca malora,
también a Trujillo Salas,
le llegó su final hora.

A cheve se le vio afligido,
ya no le importaba nada,
entre chelas ya perdido,
con su mente ya cansada.

Ya sin el buen  director,
ni gerente general,
me moriré del dolor,
yo me muero de este mal.

La parca ya lo contaba
muy dentro de su inventario,
decía que ya no estrenaba
otro nuevo calendario.

Hoy descansa ya en su caja
este hombre de los buenos,
y de medir no se raja,
los infinitos terrenos.

Esa Laguna famosa
del veintinueve mentada,
donde reportera goza
de carrera cimentada.

María del Rosario reza
orando a sus compañeros,
de Imelda y Ramón le pesa,
les dice a los campaneros.

Muerte infame y abusiva
como se los fue a llevar,
ahora no hay donde escriba
ni nada que reportear.

La parca sin duda alguna
ya la tenía señalada;
andando por la Laguna
calaca sería forjada.

Hoy descansa la mujer
en una caja de pino,
ya desde el  amanecer,
al panteón ya va en camino.

Fingiendo ser profesora
llegó hasta la secundaria;
la huesuda tan malora
en esa labor ya diaria.

Buscando a Aleydis Grizel
por lo de las elecciones,
del informe su papel,
sin desatar las pasiones.

Y por más que le explicaba,
jamás logró convencerla,
la tilica le mandaba,
que tenía otra vez que hacerla.

Muchas razones le dio
que estaba bien el trabajo,
pero no la convenció
y a la fosa se la trajo.

Hoy descansa ya en su tumba
la atribulada mujer,
en la escuela bailan zumba
los alumnos desde ayer.

Esta es una triste historia
que en los años venideros,
se quedará en la memoria
de la gran Silva Landeros.

Dicen que la muerte indina
su tumba tenía ya lista
y en una forma muy fina,
le hizo llegar una pista.

Los datos de un reportaje
le dio para elaborarlo,
y la pobre de un coraje,
no vivió para contarlo

Unos datos omitidos
fueron causa del deceso,
compañeros afligidos,
hoy la cargan ya en peso.

Ha muerto joven mujer,
su familia mucho llora,
aunque no lo va a creer
muchos bailan con Pandora.

En Tepetortas  tranquilo
hoy se oyen voces dolientes,
es que muerte con sigilo,
se ha llevado a muchas gentes.

Karina la más reciente
que se murió de aflicción,
la llevó toda la gente
a su tumba en el panteón.

De este diario reportera,
dedicada a su trabajo,
hasta en la fosa primera,
nunca dijo yo me rajo.

Dicen fue de la tristeza,
por fin de este semanario,
todo su pueblo le reza
y así acabe su calvario.

Parece que a Juan José
en su loco trajinar,
más no se sabe quien fue,
a la que quiso retratar

Dicen que todo detalle
en sus tomas capturaba,
los templos, cerros, la calle
nadita se le escapaba.

Pero un día no se sabe,
que fue lo que le pasó,
aunque ni la duda cabe
su cámara abandonó.

Dicen que una gran modelo
a este hombre se le apareció
y sabiendo de su celo,
a las sombras lo llevó.

Hoy la calaca mañosa
con fotógrafo privado,
la retrata como diosa
el Juan José enamorado.

Dicen que en una charreada
Javier Rodríguez murió,
a mí no me crea nada,
la muerte se lo llevó.

De alazanes y tordillos
le platicaba a la muerte,
me los llevo yo por pillos,
ya no tendrán buena suerte.

Y Rodríguez Acevedo
le decía a la huesona,
te lo digo porque puedo
calaca, piensa, razona.

Yo soy un gran reportero,
ve en el Testimonio Trece,
para mí eres un  cuatrero,
hoy tu cuerpo ya fenece.

A la tumba lo mandó
con todo y sus caballos,
solamente le dejó
jinetear pelones gallos.

Del pobre del editor
que les puedo platicar
el periódico,  su amor,
no se volvió a publicar.

Le gritaba a la huesona,
llévame flaca maldita,
toda querida persona
de este mundo me la quita.

Ya no hay nada que editar
para que quiero la vida,
sólo quiero ir a buscar
a mi familia querida.

A mi papá te llevaste,
mi madre murió de pena,
también de mi te burlaste,
no dejaste cosa buena.

Ya descansa Luz Ramón,
se acabaron sus andanzas,
feliz goza en el panteón
entre esas aguas mansas.

Aquí termina la historia
del periódico famoso,
sólo queda en la memoria,
que ya se fueron al pozo.

Era testimonio trece
un diario muy afamado,
espero ya nunca empiece
otro con ese llamado.

Espero que a estos hermanos
no se les ocurra volver,
se los coman los gusanos,
pues nadie les va a creer.

Jaime García García.