TODO EN ARAS DEL PROGRESO

La Filosofía de las Hormigas
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Si por un momento nos remontamos en el tiempo para ubicarnos en el pasado cuando se formaron los primeros grupos humanos,  nos podremos dar cuenta de que desde que el hombre tiene noción de lo que se puede hacer cuando se tiene la fuerza de muchas manos y el ingenio contenido en muchas mentes, entonces es cuando se da cuenta de que  se puede dominar  todo encauzando la voluntad y la capacidad física; es cuando descubre que un solo individuo puede manejar a millones de personas para conseguir provechos personales, que lo van a ir encumbrando para hacerlo más poderoso ante sus semejantes y todo abanderado por un cambio en beneficio de la colectividad, desde luego aparejado con el objetivo de  hacer esa nación más fuerte, también con la promesa un soñado progreso que según el líder les va a traer grandes beneficios a todos. El humano desde que descubre que el nacionalismo exacerba los sentidos, lo ha utilizado con la premisa de que todo es en aras del progreso para mover a grandes multitudes para acumular riqueza y fortalecerse en el poder porque lo primordial para quienes se transforman en guías de los pueblos y naciones, es hacerle creer a los coterráneos que obran siempre bajo los sacrosantos principios  de conseguir mejorías para sus gobernados. Cuántas cosas ha cometido el hombre tomando como bandera el avance y mejoramiento de los pueblos para realizar toda clase de tropelías en contra de sus propios hermanos o en causar la destrucción de este benigno planeta que solamente  le ha proporcionado los satisfactores para su breve existencia. Desde que el hombre tiene noción de la capacidad que su mente encierra, ha tratado por todos los medios de esclavizar a sus mismos hermanos o los ha torturado y matado,  solamente con la única finalidad de demostrar su poderío y que a la postre ha terminado siendo enjuiciado por sus mismos detractores  con lo que sus obnubilados sueños de grandeza, se esfuman y solamente quedan las huellas de los abusos, así como las consecuencias que paga este bendito suelo.  Espero les guste este bello poema del libro “Tierra zacatecana” publicado en 1999, bajo los auspicios del gobierno del Profesor Benito Juárez García. Que lo disfruten. Una felicitación muy especial para todo el magisterio.

MUERTE   DEL  SIGLO   XX

El que ya casi agoniza
y le sigue al diecinueve,
fue vivido muy de prisa
porque la ambición lo mueve.

Su nacimiento empañado
por esas guerras mundiales;
que en el hombre han dejado
heridas y grandes males.

Dictaduras vergonzosas,
saqueo de la riqueza,
muerte y las más tristes cosas:
cuadro fiel de la pobreza.

Revolución industrial,
tiempo de grandes inventos,
con enfoque hacia el mal,
pérdida de hombres por cientos.

La ciencia quizá ha avanzado
sólo en la industria bélica;
porque el hombre no ha llegado
ni a la era aristotélica.

El humano en su objetivo
siempre ha ido hacia atrás,
matando a todo ser vivo,
dejando la tierra agraz.

Lo que dejó más divisa,
el negocio de la guerra
y poder de alma enfermiza,
que a todo mundo aterra.

Se logró la libertad
en muchos pueblos opresos,
se sació la vanidad
del mundo con sus progresos.

De lo atómico pasamos
a lo terrible nuclear,
pero jamás rebasamos
al hombre del Nerthendal.

Siglo que está por morir
de grandes luchas sociales,
que será en el devenir:
recuerdo de muchos males.

Son cien para contarlos,
año por año vivido,
solamente hay que dejarlos
en el cofre del olvido.

Increíble ser humano,
con el poder del ingenio
matas a tu propio hermano,
alardeando de gran genio.

Dos mil la era cristiana,
muchos en la humanidad,
la esperanza en un mañana
sin guerras con su maldad.

Este siglo está muriendo,
pero de angustia y dolor,
su enfermedad vino siendo
la pobreza y gran terror.

Rezando para el veintiuno
con mucha más devoción,
no venga Atila el Huno
a sembrar la destrucción.

Porque las computadoras
no tienen otro camino,

que ser armas destructoras,
marcando el fatal destino.

Los poderosos misiles,
armas de gases letales,
destruyen tierra, perfiles
y al hombre con sus anales.

Jaime García García.