Juan el Bueno

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noviembre 21, 2013

Por: Luz Ramón Bañuelos Zuñiga.

Juan el bueno, camina por la calle blackberry al cinto ipod al bolsillo y audífonos al oído, vestido con jeans Levis, sus zapatos italianos recién boleaditos y brillositos, su cinto de cuero y el peinado de mango chupado. La típica actitud Bernárdez: “ashhh el mundo es mío y no me estorbes”, malcriado y guapo, con carro y ambos pies, el niño mimado que toma lo bueno de la sociedad, lo bueno de la vida, lo bueno de la ciudad, aquel que goza de los festivales de cultura, que paga su boleto de a 1000 barucos para oír al pavoroti, aquel que paga el docienton para irse al antro a bailar y a ligar una güerita guapetona que se encontró por allí en un oscuro callejón que apesta a orines.

Juan el bueno tiene amigos iguales que él, que gozan de los mejores colegios  y juntos se “divierten” hablan por horas, la misma charla sobre ropa amigos y chismes que tuvieron ayer, antier, y el que le sigue y el que le sigue. Son personas que aunque llenas de lujo y belleza por dentro, huecas, y no digo que sean idiotas ignorantes, digo que son huecas porque en el sitio donde debe estar su alma ay una cartera sin fondo, son huecas porque en lugar de tener un corazón para amar, tienen un hueco negro que se chupa todo (Timmy Turner), personas cuya vida carece de sentido y la van llenando con estupideces vánales, su mayor orgullo es un dinero que no es ni de ellos.

Son idiotas como Juan, cuyo único logro es ser hijo-sobrino de tal o cual político-empresario ya de cuarta o de primera. Gastan a puños dinero que no les cuesta una gota de sudor, no saben lo que es trabajar ni lo que es ganarse el pan, el mundo se los sirven en bandeja de plata y ellos, con su servilleta en las piernas y el cubierto indicado, se la sirven a cucharadas. La total entrega del planeta a sus manos, les vuelve el platillo insípido, les falta ponerle sal, pimienta o coca, lo que sea que le de sabor a su  desabrida vida. Una inyección de sentido y gusto, por eso en un antro la coca se vende mejor que la coca.
Ahhh la vida del Bueno, todo lo feliz de la vida para aquel amargado adicto a las anfetas y vacio personaje que pasea por las calles de Bernárdez, sierra de álica o la tahona a bordo de un plateado y bello BMW o de un negro y precioso AUDI, entre fiestas y despilfarro, entre alcohol y sexo casual, la vida del rico, ¿es vida de verdad?

“Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta”.

François de la Rochefoucauld