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Matemos a la inocencia
Por: Luz Ramón Bañuelos Zuñiga.
Comenzare este texto con breve resumen noticioso. El día 22 de agosto en la ciudad de Oklahoma un grupo de jóvenes de 14 a 17 años asesinaron a un joven australiano argumentando estar aburridos. La violencia que rige en el planeta, el odio y la sangre dejo de ser cosa de adultos para convertirse en un juego de niños, innumerables son los reportes de tiroteos en escuelas y secundarias alrededor del globo.
Vemos en guerrillas africanas la presencia de los famosos niños soldados. Pequeños que sin haber cumplido los 15 años ya se encuentran enrolados en las filas militares empuñando con dificultad los pesados rifles de asalto.
Ni siquiera es necesario ir hasta África, en nuestro propio país los niños sicarios están tomando la punta de lanza en esta ya tan larga lucha contra el hampa, pequeños de 12 años, que aun no se saben limpiar la nariz pero  ya se dedican a asesinar y mutilar.
La inocencia de este mundo muere en las manos de los infantes. Es más trágico cuando la sangre mancha las manos de la inocencia esas manos que no deberían empuñar armas sino juguetes, no deberían despedazar personas sino abrazar a sus padres, esas manos que nuestra sociedad ha infectado de violencia y sadismo.
Podríamos culpar a los videojuegos, a la música, a la televisión, sin embargo no vemos la violencia y odio que les inculcamos, cada que ven a su madre a sus hermanos o a el mismo ser golpeados cada que nos ven insultar agredir y gritar al señor de la tienda, al coche de enfrente y sobre todo cuando olvidamos enseñarles que amar y reír es mejor que golpear y gritar cada momento así estamos criando a una raza de asesinos
Que no nos sorprenda ver que esta ultraviolencia nos este desbordando pues somos nosotros los padres violentos quienes la creamos. Aquel que nos asesine mañana será niño al que lo enseñamos a amar.
Al matar a la inocencia nos condenamos a la muerte