Carta de la prole

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Por: Luz Ramón Bañuelos Zuñiga

“Nadie veras castigar
porque hurta plata o cobre;
que al que azotan es por pobre”
Don Francisco de Quevedo

Señor Don Patrón, al que nuestro amado presidente ha vendido la nación, le suplico hoy la devuelva que el himno no es música antrera, el escudo a la coca cola no se renta y no se hacen calzones con la bandera.
Sé que vuestro corazón le pertenece al caballero Don Dinero que no conoce otro idioma al de la inversión redituable y del interés renegociable. Pero hoy me tomo la libertad de recordarle que al ser un niño pequeño usted le juro a esa bandera a la que hoy quiere vender, dar su vida por su honra proteger.
Le recuerdo que su hermano aquel ingenioso pero desafortunado mexicano, hoy pasa hambre en el estomago y en los pies frío, mientras usted tira la comida y calza con zapatos finos, que por vuestra ambición hoy tiene agujeros los bolsillos de la nación.
Señor Don Empresario cuyo nombre el diablo porta en su lista, sepa que mientras usted roba las tierras, el pobre muere en vuestras múltiples guerras.
Sepa Señor Don Hacendado que viola los derechos agrarios, que de vuestra crueldad en negocios y cobros, hoy la plebe vive del robo.
Señor Don Cerdo Capitalista cuya educación extranjera a sus hijos ha procurado, y que por sus sobornos y contrabandos al hijo del pobre se le obliga a lavar autos.
Señor del Monopolio, hoy le pido y exijo, que devuelva lo que al pobre pertenece que la justicia que se pudo comprar la vuelva a hacer general, que al gobierno que rento se lo regrese al pueblo que por el voto, que le devuelva al obrero su nación, esta nación que el mismo ha construido y que su espalda se ha molido por verla hecha un verdadero paraíso.
Recuerde vuestra merced que la historia siempre le cobra al injusto y bendice al santo, que la sociedad ni agradece ni perdona pero siempre juzga vuestras obras.

Sepa Señor Industrial, que los brazos del pueblo se comienzan a alzar, que los puños se empiezan a cerrar, que los machetes, horcas y antorchas van haciendo su aparición en escena, que va iniciando la revolución. Sepa que la lucha por hoy nos olvida pero al siguiente amanecer ella nos despertara, clavando sus colmillos en vuestras gargantas y desangrando vuestras acaudaladas arcas. Y que sus armas, crueles cadenas que antes reprimieron nuestras almas, mañana serán los látigos con los que vuestras pieles serán rasgadas.
Recuerde Señor Mercantilista que su hacienda y vida serán comprometidas, y que sí hoy puede dormir en paz, en paz como mañana ha de descansar, no olvide que la muerte no discrimina.
Sepa Conde de la Inversión que la colmena no despertara con la luz del sol sino con el atroz calor del infierno, un infierno donde los muertos, los caídos y los callados se alzaran, donde los pecadores en el caldaso mañana arderán y donde podremos recordar que a la patria nadie la puede comprar.
Señor Don Explotador cuyo dinero os ha convertido en Dios, cuyo patrimonio os vuelve de nuestras vidas rector, recordad que vuestra grandeza se volverá maldición, que vuestro poder será prisión y vuestras joyas, sogas que del cuello ahorcaran.
Recordad que el obrero es la fuerza de la nación, de sus empresas, de sus mercados y el cual a pesar de ser azotado sabré sacrificarse por el progreso y adelanto.  Pero que harto ya de vuestros látigos y maltratos sabed que su ansia y sed de sangre se hace cada día mas grande, que si hoy nos pueden callar mañana de la cima de catedral os haremos ahorcar. Que si hoy nos pueden asesinar nuestros espíritus e ideales mañana os han de empalar. Y que vuestros bolsillos repletos de nuestro oro serán las cadenas que os mantendrán en el infierno.
La revolución comienza ya, amigo proletario ven conmigo hemos de marchar.

“El obrero tiene mas necesidad de respeto que de pan” Karl Marx