Elabora ingeniero de IPN fertilizante orgánico que reactiva el campo

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Ha logrado producir de 16 a 18 toneladas de maíz orgánico cuando la media nacional es de 2.5 toneladas por hectárea; del frijol se han obtenido de 600 kilos a 4.5 toneladas por hectárea.

 

Ante las malas prácticas agrícolas, el sobrepastoreo y la deforestación que han reducido alarmantemente la huella ecológica en un lapso de 25 años, el ingeniero Cuitláhuac Rangel Alcaraz, egresado de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), desarrolló un fertilizante orgánico a base de zeolita con el propósito de reactivar el campo mexicano.


“La zeolita es un aluminosilicato que tiene la característica de intercambiar iónica y cationicamente los elementos que tiene dentro de su estructura atómica. Contiene nitrógeno, potasio, fósforo, azufre, sodio y calcio que son los macronutrientes, y también aluminio, sílice, magnesio, manganeso, boro, plata, cobre, zinc, boro y bromo, que son los micronutrientes, todos necesarios para el sano crecimiento de una planta”, explicó.


Este desarrollo tecnológico, resultado de 20 años de trabajo, es un fertilizante orgánico denominado Nerea Chinobampo, al que se le han eliminado los nitrógenos y el agua de la zeolita para enriquecerlo con un mayor número de nutrientes, libres de sales en su estructura atómica.


Rangel Alcaraz indicó que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pesqueras (INIFAP), en sus 34 centros de investigación y de las 350 parcelas demostrativas que Rancho Chinobampo tiene en todo el país, la reducción en el tiempo de germinación es considerable: de cuando menos diez días en todas las pruebas y, en algunos casos, hasta mayor, como la lechuga, que lo redujo de 41 a 21 días de cultivo.


“Pero la producción agrícola también es más alta: hemos logrado producir de 16 a 18 toneladas de maíz orgánico cuando la media nacional es de 2.5 toneladas por hectárea; del frijol se han obtenido de 600 kilos a 4.5 toneladas por hectárea; del sorgo de 3 a 7.8 toneladas; el tomate de 90 a 200 toneladas por hectárea, incluso se ha incrementado en 25 por ciento el nivel de brix (grado de sacarosa) en las cañas de azúcar y en los forestales se tiene 100 por ciento de sobrevivencia”, resaltó.


La casa de estudios detalló en un comunicado, que Rangel Alcaraz es Originario del Fuerte, Sinaloa, y se graduó cono ingeniero metalúrgico por IPN en 1971 y maestro en Economía Industrial, quien señaló que el problema fundamental que tiene no sólo México sino todo el mundo, es el abuso en la aplicación de fertilizantes químicos porque son sales que forman ligas bentoníticas que con calor producen pisos cerámicos.


Al paso del tiempo, agregó, provocan que la tierra se vuelva prácticamente impermeable “Es como si cubriéramos las raíces con plástico, lo que impide que la planta obtenga los nutrientes necesarios”, alertó.


Manifestó que existen áreas, como en Sinaloa, en las cuales obtienen más de 10 toneladas de maíz por hectárea, pero se debe a que fertilizan en tres ocasiones durante un mismo ciclo (al inicio, a la mitad y al retoño de las plantas); sin embargo, la urea que contienen los químicos se evapora del suelo como Dióxido de Nitrógeno (NO2), que es 400 por ciento más dañino al medio ambiente que el mismo Dióxido de Carbono (CO2).


“En el país se colocan cuatro millones de toneladas de fertilizantes químicos que se importan en su totalidad (aproximadamente dos mil millones de dólares anuales), de los cuales 30 por ciento se evapora como NO2, otro 30 por ciento se queda en el piso contaminándolo y el otro 40 por ciento se lixivia y se va a contaminar los mantos freáticos. El 70 por ciento de los fertilizantes químicos se pierden en la fertilización”, aseguró.


El fertilizante orgánico Nerea Chinobampo está conformado por partículas que son capaces de intercambiar iónica y cationicamente los nutrientes que necesita la planta y evita al mismo tiempo la formación de ligas bentoníticas, con lo cual la planta obtiene sus nutrientes en la calidad, la cantidad y en el momento que lo requieren”, afirmó el egresado politécnico.


Dijo que otra de las ventajas del fertilizante orgánico es que dentro de su estructura tiene una gran cantidad de túneles (un centímetro cúbico de este mineral contiene aproximadamente 11 kilómetros de microtúneles) que absorben 60 por ciento de su peso en agua, por lo que al utilizar el fertilizante orgánico la siembra requiere 60 por ciento menos agua de riego.


“Cuando agregamos agua al fertilizante orgánico Nerea Chinobampo se desplaza el aire contenido en su estructura, el cual está compuesto por 79 por ciento de nitrógeno y 21 por ciento de oxígeno, y es el oxígeno lo que se requiere para que los microorganismos que forman la microflora y la microfauna se incorporen y se recupere el suelo”, anotó.


El proceso que propone Rangel Alcaraz consiste en colocar en un ciclo, una tonelada de Nerea Chinobampo por hectárea; para el siguiente ciclo se colocan 750 kilos; después 500 y 500 más hasta completar ocho toneladas por hectárea. “Una vez que se han colocado las ocho toneladas de este producto en el suelo ya no se requerirá fertilizar nunca más”, afirmó.


Con este producto, el ingeniero politécnico también pretende aportar soluciones al sobrepastoreo, porque coloca el fertilizante orgánico al piso de vacas semiestabuladas, y como el fertilizante es un intercambiador iónico-catiónico muy importante, cuando la vaca orina o defeca capta inmediatamente el nitrógeno y evita la formación del amoniaco, lo mismo pasa con las gallinas y los peces.


El egresado de la ESIQIE aseveró que la fertilización zeolítica es una salida innovadora que proporciona mayor ingreso a la población, al tiempo que se protege a la ecología de manera sustentable.


“Algo que aprendí en el Instituto Politécnico Nacional es que debemos preocuparnos por atender los problemas que aquejan a la base de la pirámide, de ahí que nuestro lema dar lo mejor para los que menos tienen aplique en proponer soluciones viables para el grave problema del hambre que se avecina, proporcionándole a la gente fuentes de empleo y productos orgánicos de excelente calidad”, expresó.


Dada la conformación molecular con que ha sido mejorada la zeolita para elaborar el fertilizante orgánico, esta tecnología obtuvo su certificado de “secreto industrial a nivel mundial” desde hace más de diez años y el producto ha sido certificado como totalmente orgánico.