EEUU otorga primer asilo político por causa de Peña Nieto

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El gobierno de Estados Unidos otorgó asilo político a Agustín Estrada Negrete, expareja homosexual del recién electo presidente de México, Enrique Peña Nieto. El juicio de asilo ante las autoridades migratorias fue llevado por el abogado Pro Bono, de origen griego, Leonidas Miras. Tuvo una duración de cinco horas y se ganó por las tres causas por las que se pedía el asilo: persecución política, homosexualidad y tortura por parte del estado mexicano representado por Enrique Peña Nieto.

Estrada mantuvo una relación amorosa durante siete años con el político del PRI, según su propia narración, y el 17 de mayo de 2007 fue agredido físicamente por participar en un desfile vestido de mujer, siendo empleado de gobierno en el Estado de México.

A partir de entonces, Estrada no dejó de denunciar lo que consideró una injusticia y empezó a vivir la pesadilla del acoso gubernamental, al igual que su familia y conocidos que apoyaban su causa y la defendían. Los funcionarios públicos que trabajaban con Peña Nieto, en intento de acallarlo, le construyeron delitos como obstruir las vías públicas o dañar inmuebles como el Palacio de gobierno por manifestarse frente a las instalaciones en reclamo por la suspensión de su trabajo. Estrada fue enviado a la cárcel, sin juicio, por manifestarse, y fue violado por doce personas entre policías y presos.

Pese a sus denuncias ante Ministerios públicos, organismos de derechos humanos y medios de comunicación, Estrada no fue escuchado. Y quien lo ayudaba, sufría el mismo acoso que él. Si algún medio difundía su caso, omitía la responsabilidad contra el exgobernador del estado de México, como fue el caso de Televisa con Denise Maercker, La Jornada o El Universal.

Para el gobierno de Peña Nieto, la jugada era desprestigiar a la víctima por ser homosexual y director de una escuela de atención especial para niños con capacidades diferentes. Para Estrada, la represión y el terror era la forma evidente de acallar la homosexualidad de Peña Nieto, que ya “limpiaba su pasado en busca de la presidencia de la república, como lo hizo con su esposa y los guaruras que sabían de sus relaciones con otros hombres”.

Hace dos años, el 16 de septiembre de 2010, Estrada entró por la garita internacional de Tijuana hacia Estados Unidos. Cruzó la frontera en silla de ruedas, con un parte médico de la Cruz Roja mexicana, y sedado para tolerar el dolor. Había sido violado con un tubo, torturado, y se intentó asfixiarlo con una bolsa de plástico en la cabeza.

La Procuraduría General de la República era el único organismo público que sabía oficialmente del domicilio protegido de Estrada. Fue asignado después de que denunció al estado mexicano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y ésta mandó observar medidas cautelares para su protección y la de su familia. Sin embargo, la misma PGR violó el principio de protección y se perpetró la brutal agresión contra Estrada.

El gobierno estadounidense aceptó su entrada al país, al ver la condición de gravedad y la solicitud de asilo elaborada por una organización de abogados defensores de derechos humanos, quienes le ayudaron también con el costo del boleto de avión. No obstante, aun cuando el gobierno de Estados Unidos autorizó un permiso de trabajo con vigencia de un año, el asilo político estaba condicionado a la investigación sobre la veracidad de su historia y los hechos, por lo que hasta ahora fue otorgado en seguimiento del proceso jurídico.

Durante todo este tiempo, Estrada fue atendido en el Hospital de Sobrevivientes de Tortura en San Diego. Fue asesorado jurídicamente por un abogado Pro bono de origen griego, quien le ha indicado que el asilo será extendido para toda su familia por la situación que se agrava con el nuevo titular del Ejecutivo.

A raíz del tercer ataque del que fue víctima en San Diego, ha cambiado nuevamente de ciudad. Ahora, el estado estadounidense, junto con el asilo, le otorga una ayuda económica por ser sobreviviente de tortura del estado mexicano.