Odio, Muerte y Destrucción

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Constantemente pensando, con un cigarrillo en la mano… ¿cómo sería una eternidad junto a él? El cigarrillo se consume, de igual manera con mis pensamientos y divagaciones, cuestionándome a mí misma.
¿De qué me sirve gritar? Tal vez sea música para mis oídos. Qué agradable agonía vamos a infligir.
Las primeras caladas son las más difíciles. Uno, dos, tres segundos. Aquí es donde el tiempo deja de infligir. El humo se atora en el nudo de mi garganta… y dentro la bruma. No hay más que recuerdos.
Mis memorias en él… colapsando una vez más mi pasado, mi presente y haciendo agonía en mi futuro.
El manto de discordia no es más que neblina en mis ojos, pero lo has deseado, has deseado dejarme sin llave a mí y a mis mil y una historias de ti.
Muerte y descomposición brotan de mí y mi pasado como una pestilencia, llena de sangre y escarcha, fría y tenue, caliente y fresca, al mismo momento.
Un hervor de sangre y un golpe con odio, o tal vez, tal vez sea amor.
Esperando a un “siempre” me da pereza. Suena mejor una eternidad. Deberíamos gastar una eternidad juntos.  Deben, debes, deberíamos. Lo que se aloja parcialmente en mi cuerpo, preguntándome una y otra vez cómo sería una eternidad junto a él. Mientras intento buscar en lo rebuscado.

Victoria Flores Cruz.