DE BOCA EN BOCA Y DE MANO EN MANO 28/07/2013

UNA HISTORIA MUY LINDA
julio 28, 2013
IMPORTANTE ATENDER LA DEPRESIÓN: SSZ
julio 28, 2013

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VIUDAS 20 DE JULIO DEL 2013.

ANALOGÍAS Y PÁRAMOS DE LUZ

Perdurables amigos, signatarios y conspicuos lectores:

¿Los errores, pagan los siempre caros; los infractores?

Lo pagan caro, invariablemente; los que consumen los efectos de la equivocación. Muchos errores, le dieron a Diderot, el principio y el fin; para ironizar la vida tortuosa de Jack el Falatista; a Gógol, para escribir Almas Muertas; a Maupassant para contarnos todo lo punible en Bola de Sebo; a García Márquez, para bregar por Macondo durante cien años y a Octavio Paz, para mostrarnos su Laberinto de la Soledad; y, de Agustín Yáñez, las Vueltas del Tiempo.

¡Qué tiempos… comadre Nincolasa!

¡Si, comadre, eran tiempos de pudor! Se vestía desde la oreja hasta el huesito; así lo narra nuestro bardo Ramón López Velarde, el humo de las casas, salía entonces por la chimenea, y la fortuna entraba por la puerta grande; las bodas se hacían en el patio, alrededor del pozo se comía: asado de boda y se bebía agua de jamaica y de chía. ¡Nada se hacia en lo oscurito, comadre! ¡Todo se hacía, a la luz del día! ¡No había una sola muchacha que le diera, por ser madre soltera!

¡No, ni qué esperanzas! No había soledad como la hay ahora; las solteras preferían cuidar sobrinos y no tener hijos sin padre. Ahora comadre, si la mujer decide tener dos o más hijos, a cada hijo, le busca un padre y un apellido. Con esto, la casa de la soltera, ya no es casa: es un pueblo.

¡Tiene usted mucha razón comadre, la casa se convierte en pueblo por tantos nombres y apelativos!

¡Tan bonito que fue antes! Hay pueblos que nacieron con un solo apellido: Peñitas de los Sánchez; Ermita de los Correa; Viudas de Sánchez, Viudas de Romero; Pilas de los Soto. Calera de los Castañón: ¡aquí le paro de contar porque está cañón… no acabaría nunca!

Cuando uno veía a los hijos de un matrimonio; pongamos por ejemplo: Calera de los Castañón, o, Pilas de los Soto; se adivinaba de quién y de quién eran hijos: de Francisco Castañón y de Xochitl González; de José Guadalupe Soto y de Josefina Zavala. ¡Ahora, esa sabiduría por la pinta de la sangre o de los genes, no la saca uno, ni con todas las leyes de Mendel, o las de Darwin!

¿Hasta ellos, con todas sus herramientas de investigación, les resultaría un enredo o –reborujo-, comadre?

Si, comadre. Las mujeres de ahora han contribuido en mucho a la dispersión genética. Antes, uno veía las caras de las personas y ¡zas! Adivinaba de quien eran hijos. No se batallaba. Ese sistema cognoscitivo ya se perdió.

Ahora sabe uno la mitad: ¡nada más, el nombre de la madre!

¡La soledad está causando todo esto! La mujer que no quiere estar sola, busca hijos para que le acompañen. Y, por una razón o por otra, la madre soltera tiene hijos por necesidad espiritual y por apetito económico. ¡Las madres de ahora, cobran caro la maternidad! Doña Abundancia, es madre de diez hijos y cobra derechos alimenticios por cada uno de ellos. No es mucho lo que cobra por cada uno; pero bien que saca, para bien comer ella y sus críos, y añádale usted comadre, otro poquito que le da el gobierno como madre soltera.

¡Oiga comadre, pues qué bueno está ese negocio para las madres de ahora; por el trabajo de tilma y de nana: se ganan sus buenos dineritos!

Pues si comadre, ¡lástima, que ni usted ni yo, podamos tener ese empleo; esa oferta es para las mujeres de primavera y de verano; las de otoño y las de invierno, estamos en otro programa: el de la senectud.

Ese programa para las jovencitas, es un programa del gobierno para que los pueblos no envejezcan. Hicieron eso, porque ahora los hombres ya no quieren matrimoniarse con el principio de: “hasta que la muerte los separe”; los que se apasionan poquito, echan su cana al aire y los que no sirven ni a dios ni al diablo, son velas sin mecha.

Comadre; ¡Para que la cera arda, necesita de pajuela!

¡Pabilo! Comadre.

Eso u otra cosa, lo mismo da, que diga yo: cordón que mecha o moco.

Con esa modernidad, comadre; ya no hay solteras para vestir santos.

No comadre: ¡eso era antes! Ese era el oficio hasta antes de la revolución femínea. ¡Tiempos traen tiempos! El unto en las carretas era para que no rechinaran los ejes; ¡el dinero también es cebo! Con dinero no chillan, ni los hijos ni las madres por natura. ¡El dinero todo cura y lo que no…, el Señor Cura!

Pesadumbres:

Viudas, La Realidad y Melancolía.

A quien corresponda:

A ustedes:

Por Viudas fue, que empezamos estos acentos con el vigor de Hércules; después, La Realidad nos demandó la enrgía de Cuauhtémoc; hoy, La Melancolía, nos exige la enjundia de Atahualpa.

Bien, amigos y signatarios: es bueno hacer lo que a uno le gusta; pero mejor es hacer lo que nuestros pueblos necesitan; aunque a uno, en lo particular no le guste. ¿Quién de ustedes podrá negar esto que se sigue?: después de haber pasado la vida candorosa, la vida tribal y bana de nuestro espíritu; es necesario hacer brotar en nosotros el ánimo por estudiar lo que a nuestro derredor existe y encontrar, la verdad del bien y del mal que nos rodea.

Estas comunas nuestras, tienen de suyo; lo que tienen los árboles donde quiera que estén: raíces, tronco, ramas, hojas, flores, y frutos.

Los pueblos, guardan y tienen una semejanza con los árboles. Las raíces y el tronco, son para nuestros pueblos, su historia antigua; las ramas y las hojas, el pasado reciente; y, las flores y los frutos, nuestro presente.

Una sentencia breve es esta: los árboles se les conoce: por sus frutos; los pueblos se conocen: por sus hombres. Con esta sentencia, nos queda muy claro la fase, el curso y el momento de nuestras tres comunas.

El símil con los árboles: Viudas, son nuestras raíces; La Realidad, el tronco y las ramas; La Melancolía, las hojas, flores y frutos.

¡Estamos aquí! -dirían las hojas y frutos arrastrados por alguna tempestad-. Resguardadme hermana hoja de algún bruto y del quemante sol: quiero ser árbol, quiero tener un fuerte tronco, muchas ramas, bastantes hojas y a la sazón frutos.

¡Llegamos aquí! Los que hemos sido arrastrados por el carro de Aquilón. De manera particular, quiero advertirles; que en el trecho recorrido, he tenido a bien, recoger un poco de todo aquello que un día podrá servirme. No me preguntéis bajo que enseña camino, o qué secta abrazo porque os diré: ¡no apetezco tener amos! Amigo siempre he sido de la acción; ningún peligro me arredra, pues de cierto modo fui instruido, para dominar las circunstancias del peligro, en lugar de dejarme subyugar por ellas. Amo los negocios, en particular el de los libros, porque con ello sirvo a pobres y ricos; y de antemano se, que ni jóvenes y viejos de ellos pueden desentenderse, sin que luego les pese.

Amigos de Viudas, La Realidad y La Melancolía; nos siguen faltando libros para la biblioteca de la comuna de Valparaíso. Recuerden filólogos este apotegma que nos hemos dado los comuneros de Viudas, de La Realidad y los provenientes de la moderna común: “La Melancolía” “¡Cuando los libros mueran, que Valparaíso sea, el cementerio para ellos!”

Roberto Sánchez Reyes

robertosanchezr@hotmail.com