DE BOCA EN BOCA Y DE MANO EN MANO

EL TIEMPO (PARTE 1)
octubre 24, 2012
EL TIEMPO SIEMPRE NOS ACOTA LA VIDA
octubre 24, 2012

VIUDAS  10 de Octubre del   2012.
Comuneros de Viudas y La Realidad:
“También de pesar se canta, cuando llorar no se puede”
Lo que les voy a decir, yo lo mire con mis ojos; vivía  postrado de hinojos, ¿en Viudas? Si, subyugado vivía, por una horrible mujer: ¡la pobreza tenia que ser…! Ajena pena sentí, como en Paris la sintió Juan Valjam; al no tener en su bolsillo: un peso, cualquier pan o pedazo de baguette;
No llevar en la faltriquera, un peso,  o en la cestera un  mendrugo ¡Que mendigos estamos!  Para mitigar: la sed y el hambre, de un comunero que nació y creció en Viudas o La Realidad… ¡que barbaridad!
¿Quien seria? ¡Quien sabe quien seria…! El romántico que a esta comarca  le llamo: “el cuerno de la abundancia.” De aquella esperanza ignota, otro bardo anoto, de la patria que  el vivo: a mi hijo le espera  “un paraíso de compotas” ¡Cuanta ingenuidad tuvieron mis abuelos, cuanta! Así le cantaron a su suave patria, cuando se desgarraban las vestiduras los bribones y los cuatreros.
“Te quiero por tu mujerío…  que se viste de percal y abalorio”. Hoy se viste de percal negro, y las lágrimas de sus ojos que ruedan por su vestidura, avalan la tristeza de sus ornamentos. Así lo dice esta estrofa: “No he buscado poder ni metal, mas viví en una marcha nupcial. Me parece que por amar tanto voy bebiendo una copa de espanto.”  Este es entretanto; otro  himno de lobreguez, de Viudas y la Realidad.
La casa no esta sola, no, no esta sola; pero le falta el amo, y por el lloran: su madre, sus hijos,  su señora y sus hermanos.
La patricia negrura de tu traje, nunca fue  tan frecuente; se ha vuelto, por torpe pensamiento: un vestir de diario. Ved su calle, calle donde se respiraba algarabía, no ha quedado igual; un manto de tinieblas es su ritual.

El paisaje, era, un duelo de brazos trabajando: moviendo el agua del rio a la acequia, de aquí al surco o a las melgas hasta quedar hecha un espejo, donde se podían ver las estrellas sin voltear al cielo. Se hacia lo que mas le gustaba a cada quien, el trabajo se hacia con gusto, sin imposiciones, con el convencimiento de que no faltarían alimentos, y ropas  en casa, si todos trabajaban… Las mujeres, rendirse nunca aspiraban, siempre, afanadas en preparar los alimentos, los vestidos, y los piensos para las aves y los puercos. Todos aquellos brazos se movían sin aliento de guerra, afanosos y alegres se  agitaban como gloriosas banderas alzadas por el libre aliento del aire.  ¡Cuanta soberanía había en Viudas! ¡Cuanta…! En La Realidad, ahora, un olor a cadáver se respira, y un aliento de usurero; por la calle se mira. Quieren nuestra parcela, ¡nuestra alegre parcela!; la azteca parcela del cacao, del  cacahuate y del maíz.
Mañana, esta rubrica del patriotismo, de la provincia halagüeña de Viudas, no tendrá validez.  Nuestros nietos Encontraran  como absurdos a los hombres que ayer autorizaron con la rubrica de su martirio la suma de acuerdos. Siempre hemos tenido un “tío” un tío “rápido y furioso” que quiere de nosotros la ruina: una y otra vez. No quiere que conquistemos la felicidad, no quieren que seamos nosotros,  los que nos autodeterminemos, considerándose ellos, el látigo de Dios en la Tierra.
El camino de Viudas a La Realidad es el camino del arreglo y manejo del menjurje. El de La Realidad a Viudas es de tizonazos, pólvora y se adosa también el convenio. De aquí para allá, y de allá para acá es el mismo camino y los que lo guardan, desprendiéndose de esto: idas y venidas; un negocio redondo. Dícese, que desde ha mucho tiempo los pueblos solo pueden cambiar entre si, sus excedentes. Con ese principio de sabiduría, nace el comercio intercomunitario y el globalizado.
En el trasiego de una y otra mercadería entre comunas hay: sebo, margarina, mantequilla, aserrín,  molienda, harina y cernido  polvo. Hay, la especialización por regiones.
Cuanta razón tiraron mis abuelos, al decir con anticipación: Tus abuelos y nosotros, en comunión perfecta, hicimos una iglesia de fiesta. Ahora solo  somos una nave de parroquia en penuria: un suelo roto,  cuatro paredes derruidas y un cielo abierto en el  que se celebran continuos funerales; porque una lluvia terca  de balas que hielan como el granizo hiere a los frutos, no permite,  sacar los umbrales caídos, ni los ataúdes de los fenecidos a las calles.
Del semanario de la semana pasada, nos resulto un favorecedor  en haberes de can de caza, como el defensor de Cepeda de la hermana comuna de La Realidad. Dícese él,  defensor de un  timador del erario, y que va a  desaforar  al delator por blasfemo. El tal General Cepeda tuvo por defensor a un escribidor que escribía como Flaubert  en: -La Educación Sentimental.- Siempre hay valedores graciosos que van de escoltas, de carabinas viajeras, tranchetes, mozos de espadas o de estiletes, o como se les llame: “garrapatas de la ubre” familias de ixodidos y argásidos, que se hinchan en las glándulas mamarias de los rumiantes provocando con ello una fiebre puerperal. 
¡Que mal-ta, ese defensor donde esta!   Sus loas deshonran aun más a  su defenzo, quien tiene por mandato legislativo,  la obligación comunitaria de cuidar el patrimonio que se le entrega: acrecentándolo… Y, encontrar en ello, mejor desarrollo y mejores beneficios sociales para  sus representados.
Los colegas de grescas y  oficios pírricos    con vehemencia imploran su educación Franciscana. La justicia revolucionaria en boca del jurispreciado defensor es: (el mandatario revolucionario se hace –Sr. de mulas y de estancias-   no pagando sus impuestos al erario)  ¡esas son las vindicaciones de la honra! ¡Justicia revolucionaria! Procurándose el aplauso de su defendido, alza los ojos al cielo y pide a nuestro dios  Huitzilopochtli, que la justicia  se haga papable, en las mulas y las estancias de los vecinos y colindantes o en las mulas: de mi hiperrealista  comadre.
BÚCARO III
Un trasto  soy,
De greda y caolín, dos manos me hicieron
Y en una hornaza,
Con leña de encino y de mezquite me fundieron.
Nací, para ser florero, urna,  ánfora, botijo,
Jarra, jarrón, cáliz, vasija, vaso…
Para mil usos nací,
Y mil épocas he transitado;
Socorriendo a buenos y malvados,
A cándidos enamorados: por aquí, por allá…
Otras miles de empresas me han encomendado:   
En Asia, África,  Australia, Europa y América
Trasegando rosas, metales, grasas, escancias, sueros…
Pócimas, para emperadores, bebedizos encantadores;
Sueños…, he trajinado sueños, fantasías, ilusiones  quimeras, imaginaciones de humildes y avarientos.
Caudales he transportado, he guardado, he tirado;
Por mi boca  entran,   por la  misma salen.
Cuando la codicia arremete,  mi  oblongo cuerpo y
Mi estrecho cuello, divididos  quedan y
Los caudales  que presos estaban, locos de contento, liberados  ruedan.
Antes de que muera, debo yo contarles  una quimera; de una serrana, de las muchas que guarda la sierra. Era yo a sus  hombros: una alcancía. En mí llevaba todo, lo que diario hacia: pepenaba  tunas, olorosas hierbas y otros muchos frutos, que en la sierra había y  de las diligentes abejas, miel recogía…. Un adverso día, la reptil codicia su talón mordió: Ella doblo su talle, la traición… huyó. Roberto Sánchez Reyes.